sábado, 7 de febrero de 2009

María y "Ellos"

María es una amiga de nuestra hija Antonia, que vive en el mismo edificio, pero unos pisos más arriba. María es encantadora y generosa, vez que se encuentra con Antonia conversan de lo lindo, y muchas veces Antonia llega contenta por que su amiga le regaló un dulce.
En tema es que hace algunos días María toco el tiembre, y como Alicia la miró con cara de ¿en qué te puedo ayudar?, María rápidamente comentó que Antonia la había invitado a tomar el té (merendar, para los ibéricos).
Claramente no estabamos praparados para la visita, menos considerando que María tiene diabetes, por lo que el pan con miel o mermelada, lo que teníamos a mano , no le hace bien.
Otra cosa a tener en cuenta es que María debe andar por los 70 años, por lo que no es cosa de decirle que vaya a jugar con Antonia como uno haría con otra amiguita. En todo caso fue super grato pasar un rato con ella, tiene ese toque de abuelita querendona que lo hace a uno acordarse con cariño de la propia. Además los niños quedaron fascinados pues les trajo un regalo a cada uno y los invitó a tomar el té (merendar) a su casa para otro día.

Bueno, pasa que María no es la única en su especie, también están "ellos"...., a veces más cerca de lo que uno se habría imaginado.
Para hablar de "ellos" quizás es mejor contar un par de historias que son curiosas, por llamarlas de alguna forma.

La primera es que a los 4 días de mi llegada a Barcelona recibimos un llamado para invitarnos a cenar. Partimos con mi embarazada esposa caminando lo que nos tomó unos 20 minutos, pero llegamos sanos y salvos a nuestro destino. Tuvimos una cena muy grata, y cuando estabamos por partir nos ofrecieron traernos en auto. Mandar de vuelta caminando a la gordita les "sabía mal", como dicen por acá. Con una oferta así uno ya se puede dar por suertudo, pero además se les ocurrió que tenían una tele que "se vería mejor en nuestra casa" , y que además aprovechabamos que nos llevaban de vuelta en auto para traerla. Como comprenderán, es el tipo de propuestas a las que uno difícilmente dice que no, más aún cuando uno tiene la confianza que da una larga amistad de tres horas.

Tuvimos una experiencia similar a los pocos días, también con invitación a cenar incluida, pero esta vez no fue una tele lo que nos pidieron "guardar", sino una cochecito para Laura.

En forma parecida, cuando quisimos conocer Montserrat aparecieron otros de "ellos" y nos ofrecieron hacer de guía, y unos terceros nos plantearon que les les encantaría que "sacaramos a pasear" su auto, con lo que pudimos conocer no sólo Montserrat sino que también Manresa.

Esta serie de eventos afortunados no para acá. También sucedió que otros de "ellos" supieron que a Alicia le gusta la música y el canto, así que consideraron buena idea hacerla guardiana oficial y vitalicia de su guitarra nueva flamante (llegó en su empaque original).

El orígen de la mesa de nuestro comedor tiene una historia similar, incluyendo el transporte: fue gracias a "ellos".

Si le pidiera a un experto en estadística que me dijera cuál es la probabilidad de ocurrencia simultánea de tantos eventos positivos, creo que me diría que es casi cero, es decir "imposible" y que me deje de soñar, que para eso se requiere tener mucha, muchísima suerte.

Después de darle varias vueltas he llegado a una conclusión distinta a la del experto, creo que en este caso NO se trata de suerte.
Cuando uno habla de alguien "con suerte" es como si el suertudo tuviera algo especial que lo hace así (quizás una pata de conejo, o la bendición de la Pachamama, o que se yo).

En cada uno de los casos que acabo de contar (y también en los que no comenté) está la intención de alguien.
La primera palabra que se viene a la mente para hablar de "ellos" es decir que son "generosos", pero esta palabra no alcanza a transmitir la idea de alguien "activamente" preocupado. Otra alternativa sería "Solidario", pero esta significa "que responde por" o que "se suma a la causa de otros", y tampoco creo que refleje lo que pasó aquí.
Y así dándole vueltas y más vueltas me acordé del buen samaritano, el "prójimo", quien además de preocuparse pasó a la acción, se desvió de su ruta y se dedicó a ayudar al que encontró en el camino.

Creo que ya no voy a hablar más de "ellos", desde ahora serán los Samaritanos, quienes nos han hecho sentir acogidos y acompañados desde que llegamos a Barcelona. Un gran abrazo a todos: María, I&K, J&C, R&I, A&N, A&P, I, J&G, C&P, J, C&M, D&J, y tantos otros.

P.D.: me quedé pegado en esto de los samaritanos, pensando que sería excelente que fuese una especie de enfermedad contagiosa. La gracia es que para ser prójimo no es imprescindible que te contagien, es cosa de abrir los ojos, darte cuenta de la necesidad del otro, y detenerte en vez de seguir de largo.