lunes, 1 de diciembre de 2008

Del curioso vínculo entre los campos minados y los cumpleaños

Cuando vas por las calles de Barcelona debes tener todos tus sentidos alerta y dar cada paso con cuidado. Las calles son un verdadero campo minado y si no te cuidas te expones a desagradables consecuencias.

Aunque cueste creerlo, esto se debe a la baja en la tasa de natalidad.

Por estos lados la gente tiene un hijo, a lo más dos. Incluso para muchos la

opción es olvidarse del tema y tener cero. Pero esa persistente necesidad humana de entregar cariño no es tan fácil de eliminar, y la gente acaba teniendo mascotas, que tienen que sacar dos a tres veces al día a la calle para que respondan al llamado de madre natura. Los menos preocupados simplemente olvidan hacerse cargo de lo que sale por el tubo de escape, y de aquí que tengamos un campo minado.

Por otro lado está lo de los cumpleaños. Esta semana fue el cumpleaños de la Dani y lo celebramos a la chilena, con torta, sanguchitos (sin jaleas en cáscaras de naranja esta vez).

La Dani estuvo negociando varios días la cantidad de amiguitas, al final vinieron cinco compañeras de colegio, un amigo de Ignacio, y los hijos pequeños de dos amigas chilenas que vinieron a dar una mano.



Los papás de las compañeras no podían creer lo que veían sus ojos cuando vinieron a buscarlas… en el departamento había 15 niños!!! (5 compañeras, 1 amigo de Ignacio, 5 Rojas López, más los 4 hijos de nuestras dos amigas).

Además el departamento patas arriba, y la dueña de casa manteniendo la calma a pesar del despelote y el trabajo.


Acá al parecer se usa poco que los niños celebren el cumpleaños en su casa, y los que tienen la suerte de nacer el verano boreal celebran su cumple en alguna plaza. El resto apaga las velas con los abuelos, papás, y algún primo o hermano (eso sí con muchos regalos).

¿Cómo será esto de crecer sin hermanos, celebrando el cumple solo, y haciendo malabares todos los días para esquivar caca?

Quizás por esto algunos son tan buenos para alegar y van por ahí con el ceño fruncido.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Pe... porcú?

Una de las primeras cosas que aprendí cuando empecé a trabajar fue que el peporcú es clave, casi mágico. El peporcú te permite hacer comentarios que te hacen ver inteligente, y eso te gana el respeto de algunos, al menos en un principio.

El punto es que durante doce años me gané la vida gracias a Excel y al famoso peporcú, y ahora que estoy dedicado a otros menesteres no he sido capaz de lograr que me deje tranquilo.

En cada situación y lugar, una parte de mi coco está sopesando lo que veo y escucho para determinar el peporcú, llegando a veredictos del tipo “cuadra”, “no cuadra”, o “es una locura”. El problema es que la opción “cuadra” casi no aparece, tengo puros “no cuadra” o “locura”, y al parecer la culpa de todo esto lo tiene Barcelona, por lo menos la zona que conozco hasta ahora.


Lo que pasa es que cuando caminas por las pequeñas calles de mi barrio te sorprende la gran cantidad y variedad de pequeñas tiendas, algunas tan exóticas como http://www.dreamslot.net , lugar que abre solo de noche y en que te cobran por jugar con una autopista con autitos.


En menos de 300 metros a la redonda tenemos cuatro supermercados, tres farmacias, decenas de bares, pizzerías, restoranes, verdulerías, tiendas de delicatesen, panaderías, tiendas de ropa y otros. Casi todos abren a las 9, cierran por unas tres horas al almuerzo y cierran los fines de semana.

Otra característica del lugar es que acá abundan los universitarios y los adultos madurones, los que estamos en la etapa de crianza somos re-pocos y de estos casi todos tienen una cantidad razonable de niños, la “parejita”. Se trata de un sector residencial tranquilo, nada turístico.

Aquí es donde aparece el misterio del peporcú. Si (1) los clientes somos los que vivimos en el barrio principalmente, y (2) la densidad es baja y los turistas escasos (salvo uno que otro despistado), ¿cómo se las arreglan los cientos de negocios para subsistir?.

Si multiplicas el Precio por la Cantidad (PxQ o peporcú) y le restas los altísimos costos de estar en Barcelona, varios de estos locales necesitarían 100 o más clientes diarios para que la cosa cuadre, para que no pierdan plata.

Si se tratara solamente de un par de negocios un malpensado plantearía la alternativa del “lavado de $”, pero en este caso la situación es pandémica, por lo que esta opción no aplica.

Plantee este problema en clases y me ofrecieron dos alternativas más: (a) que los negocios pierden plata pero los dueños no lo saben, y (b) que acá la gente está dispuesta a pagar más pues no tienen auto y valoran la comodidad. La primera opción es poco convincente, en su mayoría son negocios manejados por los dueños y el día que les corten la luz por no pago se van a dar cuenta.

Reconozco que la segunda alternativa es seductora. Si la compro podría dedicarme a pensar en cosas más edificantes o simplemente dejar que la mente descanse y divague por el tiempo y espacio.

Sin embargo esa parte de mí coco, entrenada por años en el arte de buscar la quinta (y a veces sexta) pata del gato, me sigue prendiendo una luz roja.

Si el “sostén” de estos negocios es que los barcelonenses están dispuestos a pagar más por su comodidad, no sería extraño que el sostén se venza pronto y que tengamos un real espectáculo, un desborde de negocios que se van por los suelos. La cosa acá no está nada fácil, más inflación y menos pega para los ibéricos, por lo que los bolsillos golpeados tendrán que optar entre darse un gustillo o estirar el billete.

Ojala esta no sea más que un nuevo ataque de fiebre peporcúdea y me equivoque, y que el barrio mantenga los locales que le dan su atmósfera especial y curiosa, y lo hacen tan grato.



sábado, 13 de septiembre de 2008

18 Horas

Todo comenzó por un rechazo, el del certificado de nacimiento de Alicia. Nos llegó desde el Ecuador gracias a un amigo de mi suegro quien previamente se aseguró de que contara con cuanto timbre fuese necesario. Lamentablemente a los tipos del Registro Civil no les gustó.

La pregunta de cajón es ¿y qué?. Bueno, sin este certificado Alicia no tiene DNI, y sin esto yo no puedo obtener la Tarjeta de Residencia, es decir estoy a semanas de ser deportado por sudaca e ilegal más encima.
La solución, ir a Madrid al Registro Central a obtenerlo junto al certificado de matrimonio español, pues si lo pides por email o correo tarde de 3 a 4 meses, fecha en la que ya me habrían enviado de vuelta a Santiago. Eso no es todo, dada la altísima demanda de sudacas tratando de regularizar su situación, a las 9:00 AM dan 150 números, lo que hace que la gente llegue desde muy temprano en la madrugada. Nada que hacer salvo partir.

El lunes 8 estaba a punto de subirme al avión cuando me llama Alicia. Por casualidad se contactó con una amiga quien le comentó que el martes 9 era feriado en Madrid, cuando corto alcancé a recuperar unos pocos euros, en la práctica perdí los pasajes.
Nuevo intento ayer miércoles 10, esta vez con la certeza de que no era feriado ni en Madrid, ni en la calle Montera, cerca de la Puerta del Sol, donde está el Registro Civil.

El barrio es bien especial, un sector antiguo que están tratando de recuperar, prácticamente tomado por los inmigrantes ilegales de todo tipo de nacionalidades, quienes ofrecen todo tipo de productos y servicios con tal de poner pan en la mesa, desde masajes express dados por unas orientales en plena calle hasta drogas de diverso calibre, pasando por CDs pirateados y anteojos de sol.

Tipo 1AM llegué a calle Montera 18 y me encontré con Diego, Chari y su hija, unos colombianos que habían llegado poco antes. De a poco empezaron a llegar más, venezolanos, uruguayos, y otros países de la vecindad. La mayoría simpáticos, medios dormidos y dispuestos a pasar una larga noche con tal de sacar sus trámites de una vez.

Tuvimos espectáculo toda la noche, a pesar de estar a 20 metros de una estación de policía. Hubo un desfile de “mariposas de la noche” de todos los colores y nacionalidades, travestis, grupos de cabezas rapadas y neonazis, y borrachines de todas partes del mundo disfrutando de la Marcha Madrileña. Uno que otro chileno, que se identifica fácilmente gracias a la terminación característica de nuestro hablar, palabra comodín y sinónimo universal, si aún no lo adivinan hablo del “guón”.

Tipo 6AM ya éramos unas 200 personas, un verdadero muestrario de sudacas de todo tipo, en una fila que daba la vuelta en la esquina y seguía metros y metros más allá.
Finalmente a las 9 nos dieron los números, yo tenía el 2, la espera por fin iba a terminar. Fue súper rápido, en menos de un minuto estaba lista la solicitud del certificado de matrimonio, y pocos segundos después me dijeron que los datos del certificado de nacimiento de Alicia estaban incompletos, que volviera otro día… ¡HORROR!

Faltaban el número de tomo y lomo del libro del Consulado de España en Guayaquil, donde hace más de 30 años transcribieron la inscripción original de Alicia. Eso sí la niña que me atendió fue comprensiva, me dio 24 horas para obtener los datos, de lo contrario tendría que pegarme el pique a Madrid de nuevo, con espera y cola incluida.

Tenía que estar en el Aeropuerto a las 13 para no perder el vuelo, eso significaba partir para allá a más tardar a las 11:30. Por lo tanto tenía dos horas para resolver el problema y para dejarle los vales de retiro a Isabel, una amiga que nos enviaría los certificados por correo una vez que estén listos.
Hablando con Alicia decidimos pedirle auxilio a mis suegros en Chile, donde eran las 4AM, pues existía la posibilidad que los datos faltantes estuvieran en algún papel por allá, la opción de llamar a Guayaquil estaba descartada, los plazos allá podían tomar entre 2 y 6 meses para cualquier cosa.

No había caso, por más que Alicia trataba de llamar a Chile usando Skype allá no nos escuchaban, fueron tantos intentos que descolgaron el teléfono, la verdad es que a nadie le gustan las pitanzas a las 4 de la mañana.
Finalmente logramos comunicarnos al celular de mi cuñada Cristina, luego de más de una hora de hacer varios intentos, efectivamente tenían los datos, la Caballería había llegado!

La niña del Registro Civil quedó sorprendida, creo que no esperaba verme hasta dentro de varios meses más. Me quedaban poco menos de 30 minutos para ir a dejarle los papeles Isabel y partir para el aeropuerto, todo esto habiendo pasado la noche en vela y con unas ganas de ir al baño poco fáciles de contener.

Finalmente llegué al aeropuerto a tiempo, y luego de refrescarme con una chela y un bocadillo estaba arriba del avión.

Mientras el avión despegaba hice memoria de estas 18 horas en Madrid, de la que conocí el metro, la calle Montera, y a varios sudacas que la tienen bastante difícil por acá, y eso que todos son “legales”.

Por una noche compartí un poco de lo que les toca, creo que fue bueno, una buena forma de valorar y estar agradecido de lo que me ha tocado a mí.

martes, 9 de septiembre de 2008

Ayyy IKEA!




De IKEA nos habían hablado maravillas. Algo así como un Súper Homecenter, pero con más estilo, a la europea.

Efectivamente puedes encontrar muy buenos muebles y cientos de cosas para la casa, el único problema son las hordas de gente que llenan el lugar.
Nuestra idea era comprar algunos muebles, camas y colchones, y luego contratar el transporte. Al final nos fuimos al chancho como decimos en mi tierra, cuatro colchones, un camarote metálico, una cómoda y cuatro estantes, todo eso en 12 bultos y con un peso en torno a los 300 kilos.

Esa noche teníamos invitados a comer, los Norambuena France, quienes acogieron y ayudaron a Alicia mientras estaba recién llegada a Barcelona. Eran las 9PM y yo seguían en la cola para pasar todo los bultos por caja, y cuando logré salir casi se me cae el pelo (bueno, dejémoslo en canas). Había una cola para el despacho con 12 personas antes que yo, que avanzaba a unos 10-15 minutos por persona.
A ese paso iba a llegar a casa tipo 11-12PM, no muy buena hora para que llegue el anfitrión, pero me di cuenta de que había un servicio alternativo de transporte.

Cuento corto, cambié el servicio de IKEA por otro, me ahorré 21 EUROS y el chofer, que resultó ser uruguayo, me llevó hasta casa y me ayudó a bajar todas las cosas, con lo que estuve de vuelta a las 9:30 PM, pocos minutos antes que los invitados!

Al día siguiente me tocó armar, pero ese es otro cuento.

Llegamos!


Luego de más de 20 horas de nuestra partida nos reencontramos a la salida del aeropuerto con Alicia, Ignacio y Manuel.

Las niñas estaban agotadas, de hecho fue muy, muy difícil despertarlas cuando aterrizamos, las pobrecitas lloraban de sueño, solo querían dormir, salieron del avión como zombis, la Dani tirando de una maleta, Antonia al medio y yo detrás con mochilas, maletas, bolsos y abrigos.

El tema de las maletas y bultos fue una verdadera odisea, más de 140 kilos repartidos en 12 bultos que no eran fáciles de mover, la verdad es que sin la ayuda de súper Daniela habría sido imposible. Ya cuando cargamos todo ella empujaba un carrito y se la podía a duras penas, unos 60 kilos que ya en movimiento se mueven con cierta facilidad gracias al principio de inercia, pero que no son fáciles de poner el movimiento.

En re-encuentro fue fantástico, las niñas abrazaban a Ali y los niños saltaban de alegría. Era todo un espectáculo, la gente miraba la cantidad de bultos y la cantidad de niños.
Nos fuimos con Ignacio y Manuel en un taxi con todos los bultos, y Alicia con las niñas en una micro. Antonia y Daniela no soltaron a Alicia en todo el camino y cuando llegaron se encontraron con el departamento patas arriba, todas las maletas abiertas y con música, la verdad es que nuestra llegada se hizo sentir.